j Joaquin Machado

EMF researcher

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ARTÍCULO

Revisión sobre el criterio aplicado en las recomendaciones oficiales de la ICNIRP, OMS, IRPA, ITU, FCC y otros.

Consideraciones previas

Los efectos biológicos reportados como resultado de la exposición a campos eléctricos y magnéticos, estáticos y de frecuencia extremadamente baja o ELF (Extreme Low Frequency) han sido revisados por la UNEP (Programa de Naciones Unidas para el Ambiente), la OMS (Organización Mundial de la Salud) y la IRPA (La Asociación Internacional para la Protección contra la Radiación). Estos proveyeron la base científica para generar las recomendaciones sobre los límites máximos de exposición, creadas por la Comisión Internacional para la Protección contra las Radiaciones No Ionizantes (ICNIRP). Dichas recomendaciones se establecieron para limitar la exposición a los CEM (Campos Electromagneticos) y proveer una guía de protección contra efectos adversos conocidos a la salud.

El asunto es que, tales recomendaciones, establecen unos límites de exposición basados en evitar un efecto adverso para la salud; pero bajo un criterio de efectos netamente térmicos, para lo cual la onda debe portar la intensidad suficientemente alta como para poder generar un efecto térmico directo en el cuerpo expuesto. 

Existe un criterio respecto a que no hay efectos atérmicos que constituyan un cambio significativo a nivel molecular y celular. Investigando esta postura científica, encontramos a investigadores que la defienden considerando como poco probable que la radiofrecuencia continua (RF) y la radiación de microondas con una intensidad inferior a 10 mW / cm (2) afecten significativamente la fisiología a través de mecanismos atérmicos. Pero estos ignoran la evidencia de estudios amplios y completos como el Estudio Reflex, relacionado a la fragmentación del ADN. 

Esto ocurre porque un investigador bioelectromagnético, con frecuencia, saca conclusiones de otras ramas en las que no posee estudios o especialidad alguna. El tema electromagnético requiere de un análisis multidisciplinario de la ciencia; es decir, cuando un grupo de investigadores con este criterio participan para revisar la evidencia y la data disponible de un estudio, se pueden lograr conclusiones más amplias sobre el tema.

El punto es, que detrás de dicho criterio, hay otro mayor de fondo que debe ser mencionado; pues trata sobre uno de los argumentos más usados por múltiples voceros e institutos que desean negar cualquier riesgo asociado. Y es que contemplan que un efecto adverso en la salud es solo aquel que causa un deterioro detectable o palpable en la salud de los individuos expuestos o en su descendencia.

Sin embargo, hacen una diferenciación que marca una gran diferencia entre efectos en la salud y efectos biológicos. Al hacer esta diferenciación, los organismos reguladores consideran a todos los estudios (miles) donde la evidencia indica daños en la salud, como estudios que solo prueban efectos biológicos; por lo que argumentan que se requiere más tiempo para determinar si dicho efecto biológico puede ser o no un efecto adverso para la salud a largo plazo.

Este criterio descarta automáticamente todos los efectos biológicos comprobados en estudios independientes; ya que considera que dichos estudios no han demostrado un daño permanente a la salud. Es esta posición en particular la que ha generado tanta desinformación en el público y una gran confusión en los especialistas que solo leen las recomendaciones oficiales, contra aquellos que conocen los reportes de miles de estudios que, de manera concluyente, identifican claros efectos biológicos por exposición a electro-smog, pero que no han sido sometidos a investigaciones de larga data para confirmar daños permanentes a la salud.

Hacen falta varias décadas para lograr recopilar la suficiente cantidad de data para confirmar o negar tales efectos. Sin embargo, especialistas de diversos campos de la medicina claman que ciertos efectos biológicos son tan evidentes y contundentes, que los efectos permanentes en la salud a largo plazo se pueden inferir automáticamente. Es por ello que estos especialistas, como los autores y colaboradores del Reporte Bio-Initiative, con frecuencia proponen a los gobiernos aplicar un principio de precaución y tomar en consideración los hallazgos conseguidos en cerca de 4 mil estudios que el reporte mencionado agrupa.

En Noxtak defendemos el actuar por el principio de precaución antes de que sea demasiado tarde; sin embargo, la dirección de esta acción no puede significar la abolición de las tecnologías o su reducción bajo la falsa premisa anti-radiación que ha sido comúnmente propagada (Ver documento NOXTAK sobre: ). Reitero nuevamente que el enfoque es crear un nuevo estándar de bio-compatibilidad tecnológica, de lo contrario, la solución no sería realista y, por tanto, tampoco viable. 

Análisis fundamental

Veamos cuál es el planteamiento concreto de cada uno de estos organismos centrales:

La ICNIRP (The International Comission of Non Ionizing Radiation Protection (en español la Comisión Internacional de Protección sobre Radiaciones No Ionizantes) recomienda ciertos parámetros a considerar en la evaluación del electrosmog. La forma en la que lo hace es a través de una guía de restricciones básica que establece de la siguiente forma:

Restricciones a la exposición a campos eléctricos, magnéticos y electromagnéticos variables en el tiempo que están basados directamente en los efectos en la salud. Dependiendo de la frecuencia del campo, las cantidades físicas usadas para especificar estas restricciones son:

  1.     La densidad de corriente.
  2.     La tasa de absorción específica de energía (SAR).
  3.   La densidad de potencia en aire fuera del cuerpo puede ser rápidamente medida en individuos expuestos.

Los niveles de referencia son para evaluar de forma práctica las exposiciones y determinar si es probable que las restricciones básicas sean excedidas. Algunos niveles de referencia son derivados de restricciones básicas relevantes usando técnicas de medición y/o computacionales, y algunas están basadas en percepciones y efectos indirectos adversos por la exposición a los CEM (Campos Electromagneticos).

Las cantidades derivadas son:

  1.     La intensidad de campo eléctrico.
  2.     La intensidad de campo magnético.
  3.     La densidad de flujo magnético.
  4.     La densidad de potencia.
  5.     Las corrientes que fluyen a través de las extremidades.     

Las cantidades que están dirigidas a la percepción y otros efectos indirectos son las corrientes de contacto y, para campos pulsantes, la absorción de energía específica. En cualquier situación de exposición particular, los valores medidos o calculados de cualquiera de estas cantidades pueden ser comparados con el nivel de referencia apropiado. Respetar los niveles de referencia asegurará que se cumplan las restricciones básicas relevantes. 

Si los valores medidos o calculados exceden los niveles de referencia, no necesariamente se sobrepasan las restricciones básicas. Sin embargo, siempre que un nivel de referencia sea excedido, es necesario evaluar el cumplimiento de la restricción básica destacada y determinar si son necesarias algunas medidas de protección adicionales.

Estas recomendaciones no están dirigidas a producir estándares funcionales, los cuales están destinados a limitar las emisiones de los CEM bajo condiciones específicas de prueba; tampoco se trata sobre las técnicas usadas para medir cualquiera de las cantidades físicas que caracterizan a los campos magnéticos, eléctricos y electromagnéticos. Descripciones amplias de la instrumentación y las técnicas de medición para determinar de manera precisa tales cantidades pueden ser encontradas en otros documentos (NCRP 1981; IEEE 1992; NCRP 1993; DIN VDE 1995). 

La inducción de cáncer proveniente de exposiciones a los CEM de largo plazo no fue considerada como efecto establecido; pues estas recomendaciones están basadas en efectos inmediatos a la salud proveniente de exposiciones de corto plazo, tales como la estimulación en los nervios periféricos y músculos, choques eléctricos y quemaduras causadas por tocar objetos conductores, y la generación de temperaturas elevadas en los tejidos resultante de la absorción de energía durante la exposición a CEM.

En el caso de efectos potenciales de largo plazo por la exposición, tales como un incremento en el riesgo de cáncer, la ICNIRP concluye que la información disponible es insuficiente para proporcionar una base para el establecimiento de restricciones a la exposición; aunque la investigación epidemiológica ha proporcionado evidencia sugestiva, pero no convincente (para 1998) de una posible asociación de efectos carcinogénicos y una exposición a niveles de densidad de flujo magnético de 50/60Hz sustancialmente más bajos que los sugeridos por esta recomendación.

Sin embargo, esta no ha contemplado la evidencia presentada en los últimos 20 años; como por ejemplo, el estudio REFLEX, el Informe Bioinitiative de 2007 y 2012, el informe INTERPHONE, la re-clasificación carcinogénica de la OMS (Organización Mundial de la Salud) en 2002 y 2011, y el estudio promovido por la FDA con el National Toxicology Program finalizado en 2018. 

Los efectos in vitro para las exposiciones de corto plazo a CEM de ELF (Extreme Low Frequency o Extrema baja frecuencia) o amplitud modulada de ELF son resumidos. Las respuestas transitorias de las células y los tejidos a la exposición a los CEM han sido observadas, pero sin una clara relación exposición-respuesta.

Estos estudios tienen un valor limitado en la evaluación de los efectos a la salud porque muchas de las respuestas no han sido demostradas in vitro. Por lo tanto, los estudios in vitro por sí mismos no fueron considerados para proporcionar información que pudiera servir como una base primaria para evaluar los posibles efectos a la salud provenientes de los CEM.

Luego, también es importante resaltar que la restricciones básicas solo aplican una base científica por cada rango (o ventana) de frecuencias del espectro electromagnético, por ejemplo:

  • Entre 1 Hz y 10 MHz, las restricciones básicas están dadas en términos de la densidad de corriente para prevenir daños funcionales en el sistema nervioso.
  • Entre 100 kHz y 10 GHz, las restricciones básicas son provistas en términos del nivel SAR para prevenir el estrés térmico de todo el cuerpo y un calentamiento localizado excesivo en los tejidos, así mismo es considerado en la restricciones en términos de la densidad de corriente.
  • Entre 10 Ghz y 300 GHz, son proveídas en términos de la densidad de potencia para prevenir el calentamiento excesivo en los tejidos o cerca de la superficie del cuerpo.

Los campos electromagnéticos pueden caracterizarse mediante su valor pico o valor medio. Los campos eléctricos (E) se miden en voltios por metro (V/m) y los magnéticos (B) en amperios por metro (A/m) o teslas (T). Estos valores se utilizan a veces como limitadores para referentes de protección contra el electrosmog.

La tasa de absorción específica (SAR)

Se define como la potencia absorbida por unidad de masa del objeto irradiado. Se expresa en vatios/kg. Este parámetro se usa para limitar la exposición de los ciudadanos a determinados niveles de campos electromagnéticos. Puede referirse a todo el cuerpo o a partes diferenciadas del mismo (cabeza, tronco y miembros).

El estudio SAR en la telefonía móvil es un parámetro importante para considerar si los teléfonos celulares cumplen o no los límites máximos de exposición. Sin embargo, este estudio es inexacto y, usualmente, es muy mal comprendido cuando es leído por un usuario común.

LA FCC (Comisión Federal de Comunicaciones de los Estados Unidos) ha publicado en su sitio web un análisis claro sobre los estudios de niveles SAR:

Hay considerable confusión y malentendidos respecto al significado de los valores máximos de SAR” que se han informado para los teléfonos celulares (y otros dispositivos inalámbricos). La palabra SAR corresponde a las siglas en inglés para tasa de absorción específica”. Esta última es una medida de la tasa de absorción de energía de RF (radiofrecuencia) en el cuerpo. Es decir, la energía emitida por la fuente que es objeto de esta medición – en este caso, un teléfono celular. La SAR proporciona una forma clara de medición de la exposición a la energía de RF (radiofrecuencia) para cada teléfono celular, para constatar que estos se adecuan a las pautas de seguridad establecidas por la FCC.

Muchas personas presumen, erróneamente, que al usar un teléfono celular con un menor valor informado de SAR, la exposición del usuario a emisiones de RF necesariamente baja o de alguna manera es más segura” que usar un teléfono celular con un valor informado de SAR más alto. Aunque los valores de SAR son una herramienta importante cuando se trata de determinar la máxima exposición posible a la energía de RF emitida por un modelo de teléfono celular en particular, un solo valor de SAR no proporciona suficiente información sobre el nivel de exposición a RF bajo condiciones de uso típicas cuando se trata de comparar de manera confiable diferentes modelos de teléfonos celulares. 

El objetivo de la FCC al inferir el valor SAR de cada teléfono celular es sólo asegurar que el teléfono celular no exceda los niveles máximos de exposición permitidos por la FCC, aun cuando el equipo esté operando en condiciones que deriven en su máxima emisión de energía de RF y aunque esta última no sea la típica emitida por el equipo usado.

Pruebas de medición de SAR

Las pruebas de medición de la SAR utilizan modelos estandarizados de la cabeza y del cuerpo humano, llenos con líquidos que simulan las características de absorción de RF de los diferentes tejidos humanos. Para determinar si los aparatos se adecuan a las pautas, cada teléfono celular es sometido a pruebas mientras opera a su máxima potencia, en todas las bandas de frecuencia en que opera y en varias posiciones específicas apuntando a la cabeza y cuerpo del maniquí para simular la forma típica en que diferentes usuarios sostienen los teléfonos celulares, incluyendo a cada lado de la cabeza. 

Para determinar el acatamiento de las pautas para SAR en cada teléfono celular, estos se colocan con precisión en varias posiciones comunes cerca de la cabeza y del cuerpo. Y una sonda robótica efectúa una serie de mediciones del campo eléctrico en ubicaciones específicas precisas con base a un diseño cuadriculado en la cabeza y el torso del maniquí. Para la autorización final y como parte del informe de las pruebas para aprobación de equipos, se envían los datos de todas las posiciones en que se ha colocado el teléfono. Sin embargo, en la autorización final se incluyen sólo los valores SAR más altos para cada banda de frecuencia, para demostrar que los aparatos cumplen con las pautas de la FCC para energía de RF.

Lo que muestra las SAR

La FCC exige que los fabricantes de teléfonos celulares efectúen sus pruebas de SAR, incluyendo las condiciones más severas de operación, en los peores casos (y en las mayores potencias) para todas las bandas de frecuencia usadas en Estados Unidos para cada teléfono celular sometido a prueba. Los valores de SAR registrados en la autorización de la FCC y en el manual del teléfono celular para demostrar que el aparato cumple con las normas de la Comisión solo muestran la medición más alta obtenida para cada rango de frecuencia usado por el modelo de teléfono en particular. 

La aprobación de la FCC solo significa que el equipo nunca excederá los niveles máximos de exposición del consumidor a energía de RF permitidos por las pautas federales, pero no indica el nivel de exposición a energía de RF experimentado por los consumidores durante el uso del teléfono en condiciones normales. Aunque solo los valores máximos de SAR son considerados por la FCC para dar su aprobación, los informes de todas las pruebas enviadas por los fabricantes están disponibles en su totalidad para ser inspeccionados por el público en la página web de la Comisión.

Lo que la SAR no muestra

El valor SAR usado para la aprobación de la FCC no toma en cuenta las múltiples mediciones realizadas durante las pruebas. Además, la potencia con que operan los teléfonos celulares varía constantemente para hacerlo a la mínima necesaria para mantener la comunicación; así que la operación a máxima potencia no ocurre con frecuencia. En consecuencia, no se puede efectuar una comparación confiable de las características generales de exposición de los teléfonos celulares sobre la base de un solo valor de SAR por numerosas razones (cada uno de estos ejemplos se basa en el valor SAR informado para el teléfono celular A, el cual es mayor que el valor SAR informado para el teléfono celular B):

    El teléfono celular A podría haber arrojado una sola medición más alta que todas las mediciones arrojadas por el teléfono celular B. Por lo tanto, se habría informado un valor SAR más alto para el teléfono celular A; aunque el teléfono celular B hubiese arrojado mediciones más altas que el teléfono celular A en la mayoría de las posiciones y/o configuraciones de uso restantes. En ese caso, generalmente un usuario recibiría, en total, más energía de RF del teléfono celular B.

    Es posible que el teléfono celular A establezca comunicacióń de manera más eficiente que el teléfono celular B, en cuanto a que opera a una potencia menor que la del teléfono celular B en condiciones comparables. En consecuencia, un usuario recibiría, en total, más energía de RF del teléfono celular B.

    El valor más alto arrojado por el teléfono celular A podría proceder de una posición que el usuario rara vez o nunca adopta para sostener un teléfono, mientras que el usuario podría sostener el teléfono a menudo en la posición que arrojó el máximo valor para el teléfono celular B. Por lo tanto, el usuario recibiría la máxima exposición a RF arrojada por el teléfono celular B, pero no la máxima exposición arrojada por el teléfono celular A.

Conclusiones

TODOS los teléfonos celulares deben cumplir con los estándares de exposición a energía de RF establecidos por la FCC, los que se fijan a niveles mucho más bajos que aquellos en que podrían ocurrir efectos nocivos, según lo que indican los experimentos de laboratorio y en los que coinciden en general los expertos en medicina y biología. 

Para los usuarios a quienes les inquieta si efectivamente este estándar es adecuado, o que por alguna razón desean reducir su exposición a energía de RF, la forma más efectiva de hacerlo es sostener el teléfono celular lejos de la cabeza y del cuerpo y usar un altavoz o un accesorio de manos libres. Generalmente, estas medidas tendrán un efecto mucho mayor en la absorción de energía de RF que la pequeña diferencia en la SAR entre un teléfono celular y otro, la que, en todo caso, no es una comparación confiable de exposición de los consumidores a energía de RF, dadas las variables en el uso de cada persona.

Fuente: FCC

Adicionalmente, ya comprendemos que, por los estudios recolectados por el Bio-Initiative Report, ha quedado demostrado igualmente que, por niveles extremadamente bajos, miles de veces por debajo del promedio SAR que emite un teléfono celular, existen efectos biológicos palpables. 

El reporte nos muestra valores tan bajos como 0.000064 w/kg  y 0.001 w/kg, mostrando que allí, en esa ventana, hay más de doce efectos biológicos encontrados, tales como: Producción de proteínas del estrés, alteraciones cognitivas de memoria de corto plazo, daño en el ADN, cambios en el ciclo de las células, proliferación celular anormal, cambios en células cerebrales, alteraciones neuronales en el córtex prefrontal del cerebro, alteraciones en el tejido de la región del hipocampo. Por ello, es absurdo considerar que un valor SAR muy bajo es de 0.1 w/kg y que una emisión de 1.0 w/kg aún es saludable cuando la evidencia muestra todo lo contrario.

Esto demuestra lo fallido de este parámetro y cómo debe de reconsiderarse. La clave no está en los niveles de exposición SAR, sino en estudiar la polarización que trae la radiación que propaga el teléfono y si esta es tolerable o no por el organismo.

Dicho esto, cabe destacar entonces que, en definitiva, el estudio SAR no es el estudio más adecuado para determinar si un dispositivo es saludable o no, y también es importante comprender que el enfoque tampoco se trata de que el nivel SAR de un teléfono futuro baje a niveles tan bajos como 0.000001 w/kg. 

Aunque ya podemos desarrollar tecnología que nos permita fabricar teléfonos con niveles SAR muy bajos, aún así insisto en que el enfoque no debe estar en lo bajo del nivel SAR, sino en que las emisiones estén naturalmente polarizadas. Esto es posible y yo mismo lo he presenciado en docenas de experimentos de campo y con personas electrohipersensibles con quienes he trabajado; es por ello que, con un abordaje científico bien preciso, podemos fabricar teléfonos que, aún con 1.5 w/kg de nivel SAR, pueden ser saludables e inofensivos para el cuerpo, o como me gusta decir: biológicamente compatibles.

La prueba variabilidad del ritmo cardíaco HRV (por sus siglas en inglés Heart Rate Variability)

Se necesitan estudios que analicen directamente en seres humanos la compatibilidad biológica del cuerpo con una tecnología específica. Por ejemplo, ya en Alemania patentaron en los 80 el estudio HRV (Heart Rate Variability) Variabilidad del Ritmo Cardíaco como un método para determinar si una exposición artificial de algún tipo de emisión de electro-smog induce o no una respuesta biológica negativa y comprobable en el cuerpo.

De la misma forma, otros estudios como el análisis del ADN, la prueba de fragmentación del mismo, los estudios de los canales de calcio en las células, la oxigenación de la sangre, entre otros, han sido considerados como estudios que buscan determinar la nocividad directa de una radiación o no con efectos biológicos.

Indiscutiblemente, es necesario crear nuevos estudios que incorporen como eje central las pruebas biológicas concretas que analicen el impacto biológico directo de la nocividad o no de una radiación emitida por un dispositivo como el teléfono celular, solo así tendremos un verdadero parámetro viable.

Los efectos térmicos: un parámetro insuficiente

Por otra parte, tenemos que distintos organismos oficiales de diversos países han establecido normativas de regulación de los Campos Electromagnéticos o CEM, teniendo en cuenta únicamente los efectos térmicos de las radiaciones por debajo de los límites de radiación máximos que se han establecido. Los llamados “safety levels” se han fijado siguiendo solo el parámetro de los efectos térmicos, por lo que el razonamiento que se ha seguido es el siguiente: por debajo de estos niveles, los efectos térmicos de la radiación electromagnética son contrarrestados sobradamente por los mecanismos de regulación de la temperatura del cuerpo humano. Y bajo ese análisis tan simplista, se descartaron consideraciones en las normativas de estudios que se refieren a efectos biológicos no térmicos.

Los efectos no térmicos

Sin embargo, hoy en día existe una gran cantidad de evidencia científica que está centrada en los efectos no térmicos de los campos electromagnéticos, encontrados en docenas de estudios con peso y validez científica. Dentro de estos efectos, podemos mencionar: 

  • La proliferación celular – enzima: la decarboxilasa de ornitina (ODC).
  • Flujo de iones de calcio excesivo en los canales iónicos de la membrana celular (VCVG).
  • Inhibición en la producción de melatonina.
  • Efecto general en las membranas celulares.
  • Efectos en el sistema nervioso central.
  • Alteración de la variabilidad del ritmo cardíaco.
  • Permeabilidad de la barrera hematoencefálica.

En resumen, se puede concluir que las normativas actuales, los niveles “saludables” (Safety Levels), las recomendaciones internacionales de los organismos encargados son, en general, incompletas, altamente desactualizadas y, por último, poco realistas.

Necesitamos normativas que tenga verificación práctica de campo y no de laboratorio, que contemplen más de un basamento científico y, especialmente, que incluyan estudios biológicos directos en vivo y en seres humanos de distinta edad y contextura, sanos y con diversidad de enfermedades. De esta forma, podremos tener un marco legal que proteja a los ciudadanos de todo tipo y condición de las radiaciones electromagnéticas. 

Adicionalmente, las normativas que contemplen los impactos en el ecosistema natural del electrosmog y en especies animales. Ya existen estudios preliminares en todos estos campos que pueden ser usados por los organismos e instituciones arriba mencionadas como fuentes de evidencia científica.

Es tiempo de elaborar estudios de gran escala sobre nuevas tecnologías disponibles en el mercado, como la desarrollada por NOXTAK, y repetir los mismos estudios realizados previamente en donde se evidenciaron efectos biológicos adversos y con implicaciones serias para la salud. NOXTAK ha desarrollado sus propios estudios y proyectos piloto con terceras partes, pero es tiempo de que los organismos gubernamentales planifiquen replicar dichos estudios ahora.

Con economía circular y en asociaciones público-privadas, muchos de estos proyectos de investigación conjunta se pueden realizar. Se necesita el lanzamiento de iniciativas de innovación abiertas y conjuntas entre compañías y emprendimientos tecnológicos destinadas no solo a profundizar en los daños, sino en acelerar la aplicación de las tecnologías ya existentes y en pro de desarrollar nuevas tecnologías.

Es requerido formar a todos los gobiernos locales en esta materia y en una visión más amplia de las potenciales consecuencias que la exposición electromagnética o electrosmog puede traer en las próximas décadas. Las CEM pueden ser el riesgo más grande de una crisis de salud pública sin precedentes, y por tal motivo es necesario actuar hoy.

 Atentamente,

JJML

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